Presentación

En el marco de la celebración de los 450 años de la “Aprobación canónica de la Provincia Franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán” (1565-2015) y de los 490 años de la llegada de Fr. Martín de la Coruña, su fundador, nos daremos a la tarea de ofrecer paulatinamente en esta página electrónica de la Provincia, los escritos de Francisco y Clara de Asís, que en realidad será la síntesis del material que ya se ha trabajado en distintas ediciones.

El Concilio Vaticano II, en su Constitución Gaudium Spes, nos enseña que el sentido de la vida del hombre está en caminar hacia Dios para vivir eternamente con Él; esa es nuestra vocación: contemplar el rostro de Dios, lo que sería santidad y por tanto la felicidad plena (11-22). Pero mientras somos “peregrinos y extranjeros en este mundo” (2R 6), vamos en el camino de la vida terrena, buscando los modos y los medios para poder llegar a ese fin. Así, mientras ponemos atención en quienes ya lo han logrado: en primer lugar en nuestro Señor Jesucristo de quien decimos  que “está sentado a la derecha de Dios Padre”, después están los santos, hombre y mujeres que a lo largo de la historia del cristianismo han sabido comprender, ya desde este mundo, que ‘la vida eterna se anticipa conociendo al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo’ (cf. Jn 17, 3); además -dice el Evangelista- que la voluntad del Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna (Jn 6, 39-40).

Francisco de Asís, el llamado Alter Christus por haber encarnado los misterios del Hijo de Dios, no solo nos enseña a andar por el camino de la vida, sino también nos demuestra como ‘conocer y cumplir con esa voluntad del Padre’. Dichas enseñanzas las podemos encontrar en una serie de escritos que han quedado para la posteridad, como una herencia para los seguidores del Seráfico de Asís y no sólo, sino también como un “consuelo espiritual” para sus admiradores y los amigos del franciscanismo.

Cuando Francisco de Asís y la primera generación de los que lo conocieron se habían ido ya de este mundo, cuando ya no había quien diera testimonio de lo que “vieron y oyeron” de él, el espíritu que animó el movimiento franciscano de las generaciones posteriores, tanto como la transmisión de su “propósito”,  quedó plasmado en una serie de escritos que han llegado hasta nuestros días.

Francisco de Asís, lejos de ser una persona “ignorante e iletrado” (CtaO 39), como él mismo se consideraba, los escritos y dictados que tenemos son prueba de todo lo contrario; en realidad fue Dios y su “Divina inspiración” quien escribió la historia del Serafín de Asís y de la hermana Clara de Favarone (2R 1; Tes14-15).

La mayor parte de esa serie de documentos, donde quedaron plasmadas la espiritualidad y las intenciones del fundador, nos han llegado a través de una rica tradición de manuscritos de los siglos XIII, XIV y XV que los reportan algunos de manera parcial y otros de modo total. A tales escritos se les conocen como “opúsculos”, palabra que tiene su raíz en el vocablo latino opus = obra y que en nuestro caso pasa con minúscula, en virtud a que se trata de escritos breves o cortos es decir “obritas”. Tales escritos, tanto de Francisco como de Clara, gozan de un lugar privilegiado entre las fuentes franciscanas ya que nos permiten escuchar la voz de sus mismos autores. Las expresiones y las palabras que los componen, representan sus enseñanzas, sus pensamientos, amalgamados o fundidos en la atmósfera y en el lenguaje religioso de un tiempo que hicieron suyo; nos introducen inmediatamente en su personalidad, en su experiencia y en sus intenciones.

Francisco de Asís, al ser un hombre de acción, no pretendió poner en sus escritos definiciones o programas para asimilar intelectualmente. Tampoco pretendió escribir dogmas religiosos para creer abstractamente. Sus escritos son la proclamación activa y gloriosa de una fe; el canto de un enamorado de Dios. Sus escritos son UN PROGRAMA DE VIDA, un material que nos enseña un “modo de ser” y donde se puede encontrar un “estilo de vida para adoptarlo y recorrer el camino de la vida”.

Francisco de Asís fue un hombre que llegó por el camino interior a una extraordinaria simplificación religiosa y evangélica de la realidad y de la vida; en sus escritos nos pide ser comprendido completamente y no fraccionado o reducido; siempre dispuesto a repetir a todos que “entender no basta, se necesita vivir”.