EXPERIENCIA DE RENOVACIÓN EN LA SABANILLA PRIMER ENCUENTRO 2015

EXPERIENCIA DE RENOVACIÓN EN LA SABANILLA PRIMER ENCUENTRO 2015 

(por Fr. Bernardo Moya Montero, OFM)

Para reavivar por la fuerza del Espíritu Santo nuestro llamado, individual y comunitario, a ser testigos de Cristo y de san Francisco se ha dispuesto que todos los hermanos participemos de la experiencia de renovación espiritual en la Ex Hacienda “La Sabanilla”. 

En esta ocasión, nos ha tocado ser el primer grupo del presente año para vivir dicha experiencia del 11 al 24 enero. Los invitados fuimos:

Fr. Mauricio de Jesús Gómez                                           Fr. Alfredo Madrigal

Fr. Gerardo Ruiz                                                                Fr. Francisco Xavier Arana

Fr. Bernardo Moya                                                            Fr. José Antonio Segoviano

Fr. Juan Fonseca                                                                Fr. J. Carmen Montuoso

Fr. Israel Porras                                                                 Fr. Leopoldo Terrazas

Fr. Carlos Maúl                                                                   Fr. Martín Padilla

  • “Bienvenida por parte de la comunidad y del Ministro Provincial”.

Reunidos en la capilla rezamos las II vísperas del Bautismo del Señor, presididas por el Ministro Provincial Fr. Eduardo López y, a modo de introducción, nos compartió la experiencia de el monje Silvano, quien en su vida se reconoció limitado frente a las grandezas del Señor, pero que además supo disfrutar de la presencia de Dios, su misericordia, su ternura y bondad. Su interiorización le permitió anhelar agradar siempre al Señor, llenarse del Espíritu Santo, soportar con caridad las penas y los dolores, pues “quien ama verdaderamente al Señor ora sin interrupción”.

La exhortación a nosotros los frailes, es imitar esta experiencia que nos permita “recordar”, volver el corazón, nuestra identidad como Hermanos menores. Por tal motivo, más allá de cumplir con Estatutos, la intención de esta experiencia no es otra que volvamos a la autenticidad del franciscano, que respondamos plenamente y con responsabilidad a los diversos retos que la evangelización, encarnación del Evangelio, nos invita a asumir (Fr. Eduardo L.); debemos ser franciscanos en misión y contemplación capaces de “dar a los fieles a Cristo crucificado” (K. Rahner), que seamos frailes Santos, Sabios y Sanos.

Se estableció el programa a seguir para comenzar nuestro retiro. Todos los días comenzábamos la jornada con la Santa misa a las 7am y después el rezo del Oficio de lectura con Laúdes. Terminado el rezo de salmos teníamos un momento de meditación personal en la capilla.

El almuerzo lo teníamos a las 9:00 hrs y enseguida el aseo de la casa. Posteriormente, de las 10:00  a las 13:40 hrs., nos reuníamos en el salón Guillermo de Occam para las charlas. A las 13:45 hrs. acudíamos a la capilla para el rezo de la Hora media, a las 14:00 hrs. la comida y de las 15hrs a las 17:00 hrs. meditación, tiempo libre para salir hacia los campos a caminar, charlar y meditar. A las 18:00 hrs. baño para, posteriormente, a las 18:30 hrs., realizar el rezo de vísperas con meditación hasta las 20:00 hrs. Terminando el tiempo de oración nos dirigíamos al comedor para la cena. La jornada terminaba a las 21:30 hrs con el rezo de Completas.

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Presentaré las temáticas que se impartieron, ya que si lo hago día a día será demasiado extenso.

  • “Objetivo principal de la casa de retiro”.

Fr. Sergio Durán, Moderador para la Formación Permanente, nos presentó el objetivo de esta casa de renovación espiritual para responder a las exigencias del Capítulo del 2014 “Vino nuevo en odres nuevos”. Por lo tanto, no es una casa de rehabilitación o castigo para frailes que anden mal”, como erróneamente se le ha considerado. Desde hace años, bajo evaluaciones con expertos sobre nuestra presencia en medio del Pueblo de Dios, se ha manifestado que no hemos estado cumpliendo con los lineamientos principales de un Hermano Menor y, en consecuencia, se decidió erigir una Casa en la que se promoviera los valores franciscanos de los mismos frailes; es decir, retomar nuestra espiritualidad-identidad, retomar nuestra renovación como Hermanos Menores que viven en comunidades contemplativas en misión.

Esta experiencia deberá ser guiada por el proyecto personal y comunitario, que todos estamos invitados a realizar cuanto antes, sobretodo, tomando conciencia del bien que he dejado de hacer y el mal que he comenzado ha realizar. La renovación tiene como presupuesto principal experimentar el amor de Dios, para llegar a ser un fraile Santo, Sabio y Sano al servicio del Pueblo de Dios (cfr. Ratio Formationis Provinciæ n. 41).

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  • “Mi salud corporal”, por el Dr. Francisco Javier Rivera

En esta sesión se nos compartió la importancia que tiene nuestra salud y que, como religiosos, debemos comprometernos en tener sumo cuidado, sobretodo, promoviendo la prevención delante de factores de riesgo para nuestra salud, tales como: la automedicación, problemas sanitarios y de alimentación. Sabemos bien que hemos descuidado nuestra salud creyendo, por ejemplo, que estoy sano porque “no me duele nada”, y por lo mismo ignoramos las consecuencias que esto ocasiona. Vamos al medico cuando “no hay remedio”.

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  • “Nuestra identidad”, por Fr. Erasmo Rodríguez

Tenemos la bendición de pertenecer a una Orden que ha sido muy atenta en responder a lo que la Iglesia pide; incluso, después del Vaticano II, se han proporcionado documentos con la finalidad de insistir sobre nuestra identidad o bien aquellos elementos bajo los cuales fuimos fundados. Lo interesante sería cuestionarnos si verdaderamente hemos sido, hoy, obedientes a la Madre Iglesia, si estamos encarnando lo que prometimos vivir. Tenemos innumerables documentos que la Orden ha puesto a nuestra disposición; pero ¿hay quién los lea?

En este camino de evangelización, muchos de nosotros hemos mezclado nuestro carisma con otros o, peor aún, hemos adquiridos otros distintos al nuestro. Algunos hemos optado por vivir como sacerdotes diocesanos, minimizando nuestra identidad. Nos estamos convirtiendo en “un obrero más” de la mies del Señor dejando de lado nuestro carisma, identidad, huella, testimonio de franciscanos o bien, adapto lo que queda de mi carisma a programas compatibles.

Para responder a estas y otras cuestiones, el Definitorio General ha sugerido partir desde las Constituciones Generales como “ley fundamental” que actualiza nuestra regla para que así recuperemos conciencia de que la Orden es un don para la Iglesia, por lo tanto debemos caminar desde Cristo para vivir y obrar a la luz del Evangelio y así reflexionemos sobre quiénes somos y quiénes estamos llamados a ser.

Parte esencial de nuestro carisma es la fraternidad, sólo unidos como hermanos alcanzaremos la verdadera y autentica madurez humana, cristiana y franciscana. No olvidemos que nuestra vocación es “ser hermanos”, Orden de Frailes Menores; no sólo se nos da el nombre, sino el ser (Hay quien dice: “¡no me digas fray, soy padre!”). Decir “el Señor me dio hermanos” es afirmar que creemos y aceptamos que Dios, el Señor, nos da y regala hermanos que debemos tratar mejor que una madre, “que ama y cuida de su hijo carnal” (Rb 6).

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  • “La experiencia mística”, por Fr. José María Bárcenas.

Parte esencial de nuestra vida como cristianos y como religiosos, es la vida íntima con Dios. Este encuentro es demasiado personal que permite al hombre ponerse cara a cara con Dios en la vida; y el franciscano tiene su modo de “intimar” con Dios, basta ver a profundidad a Francisco de Asís, por eso era “El hombre hecho oración”.

Fray Chema nos compartió su experiencia al acercarse a grandes místicos para buscar su “intimidad con Dios” y para lograrlo es necesario acercarse a la Sagrada Escritura en el silencio, pues no se trata de “conocer a Dios” sino de vivirlo, experimentarlo en la propia vida. Sólo conociéndose uno mismo logrará dar lugar a Dios en su vida; desafortunadamente, quienes desconocemos esta realidad y necesidad, hacemos caso omiso de aquellas personas que están junto a nosotros, que sí viven a Dios y creemos que están equivocados. Por ello, es preciso no tener miedo a las críticas que impidan ser uno mismo; aprender a manejar nuestros sentimientos, no rechazarlos sino equilibrar cada uno de ellos para obtener fruto; el pleno autoconocimiento facilitará responder a la pregunta “Señor, ¿qué quieres que haga?”; el crecimiento espiritual y humano es paralelo, pues no se puede crecer más en uno que en el otro. En pocas palabras, busquemos al “original”, aquél que fuimos: piadoso, respetuoso, generoso, amable, alegre; capaz de abrazar la parte negativa de mí mismo y darme cuenta que aunque haya caído no estoy derrotado sino que es una oportunidad para salir al encuentro de Dios.

  • “Salud mental”

Una parte de nuestro compromiso con el Pueblo de Dios es ser “doctores de la salud espiritual” y debemos estar Sanos para poder ejercerlo correctamente. Todos tenemos problemas que han modificado nuestra conducta, nuestra vida. Algunos de estos problemas son aquellos que en nuestro hogar hemos presenciado: padres sobreprotectores o desinteresados, alcohólicos o drogadictos, amorosos y respetuosos; golpes físicos, daños cerebrales o bien duras experiencias.

Algunas de las herramientas que mejorarían nuestro servicio delante de personas con problemas mentales:

  • Fomentar confianza. Los medicamentos son muy importantes, pero la confianza dará más del 50% del éxito en la ayuda emocional, pues las personas buscan un apoyo que comprenda lo que se está viviendo.
  • La mirada. Es el contacto más íntimo pues ocasiona una relación profunda. Debemos recibir a las personas con una mirada sana, amable y no aquella que infunde duda o vergüenza.
  • Las personas deben sentirse escuchadas, que se interesan por ellas, sin ser escrupulosos sino atentos.
  • Sincronizar movimientos. Buscando una postura simple, pero cercana y no aquella observadora o calculadora.

Los padecimientos de Psicosis, esquizofrenia, delirio, paranoia o depresión son de sumo cuidado, pero rara vez llevan a la muerte. Algunos de estos requieren medicamento controlado por ello el sacerdote debe estar atento a las mani-festaciones que las personas muestran, sin olvidar que uno mismo puede padecerlas sin darse cuenta y no olvidemos ante todo pedir ayuda.

  • “Lectura orante de la Palabra de Dios”, por Luís Bernal.

Es sabido que san Francisco tenía como centro de su vida la Palabra de Dios. La “lectio franciscana” es una lectura de la Sagrada Escritura acompañada por la Regla y Estatutos Generales de la Orden.

Esta oración está guiada por la invocación del Espíritu Santo teniendo una postura cómoda que facilite la interiorización, leer y escuchar con atención la Palabra de Dios; hacerla personal (“dichoso aquél religioso que no tiene otro placer más que la escucha de la Palabra de Dios” Admn. 20, 1-2); oración y restitución mediante la alabanza, la acción de gracias, bendición, súplica; acción y devoción, hacer el bien es poner en practica la Palabra escuchada, hacerla viva.

  • “La oración del Corazón”, por Fr. Andrés Sosa.

La oración del corazón es, sin duda alguna, la más sincera, profunda y amorosa. Podemos hablar a Dios, escucharlo e interiorizar para que el corazón responda con generosidad.

La oración es esencialmente amor y por ello debemos ser libres como lo hizo Jesucristo, diciendo “Padre Nuestro”. Ya que la oración es la debilidad de Dios, cuando se ora se ama y se acepta tal cual es; por eso no debemos tener miedo en presentarnos a Dios como somos, con nuestras virtudes y vicios.

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  • “Virtudes y valores”, por Fr. José Manuel Amézquita

Las virtudes y los valores determinan nuestro desarrollo humano. Toda norma (actitudes) te lleva a vivir de una determinada forma y por eso es necesario saber integrar cada una de ellas para que no ocasione conflictos personales o bien, comunitarios. Los valores humanos (la forma) son las cualidades por las que un ser, cosa o hecho despierta mayor o menor aprecio; son guías que dan determinada orientación a la conducta. Las virtudes (la horma) son los valores en práctica. Estamos llamados a ser testigos, no ejemplos para las demás personas, por eso los valores franciscanos promueven la práctica de las virtudes.

  • “Teología de la Eucaristía”

Las misas que celebramos son la prolongación de la primera misa, la Cena pascual, por eso “hagan esto en conmemoración mía” por eso es nuestro deber que los fieles tengan “intimidad” con Dios, que gocen de la presencia real de Cristo Eucaristía como los discípulos de Emaús; dejemos a un lado las grandezas de ser “el mejor” por presunción. 

Vivimos en continuo contacto con lo sagrado y el riesgo es perder la calidez y calidad en nuestras celebraciones, por ejemplo, los fieles son más cuidadosos delante del altar, al recibir la Hostia consagrada, la profundidad de su oración, mientras que nosotros hacemos todo por “inercia”. Nosotros, como franciscanos, debemos poner nuestra huella en las celebraciones, debemos hacer orar a los fieles con nuestras homilías porque hemos decidido “vivir el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo”.

  • “Recepción y despedida de la Imagen de la Virgen de El Pueblito”

Con motivo del año jubilar de nuestra Provincia, el día 18 de enero comenzó la visita de la Venerable Imagen de la Virgen de El Pueblito en esta comunidad de “La Sabanilla”. Salimos a su encuentro en la avenida principal de la localidad acompañados por los fieles; entre cantos y vivas recibimos a nuestra Madre y en procesión nos dirigimos hacia la capilla. Allí rezamos el santo rosario y se compartió a los fieles el motivo de su visita.

Durante tres días gozamos de su bendita presencia, celebramos la Santa misa por las mañanas y por las tardes el rosario, en compañía de los fieles devotos de la comunidad.

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Domingo 28, convivencia fraterna

El Domingo, Día del Señor, lo festejamos con la Eucaristía  y el rezo del Oficio, además por la tarde disfrutamos de una agradable convivencia en la que compartimos una carne asada, hecha por los hermanos. Alegremente intercambiamos parte de lo que habíamos escuchado en las charlas y lo que hemos vivido como franciscanos. Por la tarde, cerramos nuestra convivencia con el rezo de Vísperas acompañada de la meditación en la capilla.

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“Lectio divina, como escuela de oración, en los padres del desierto”, por Fr. Eduardo López.

La praxis de la Lectio ha ido disminuyendo entre nosotros o peor aún, ha sido distorsionada porque se desconocen sus orígenes y porque no estamos acostumbrados a la oración en silencio.

Los padres del desierto eran hombres sencillos que buscaban la cercanía con los Textos sagrados, para ellos la oración debe estar rondando constantemente en el corazón del hombre. Estos hombres comenzaron retirados de la gente, aislados, que originó un “éxodo” común, motivados por citas bíblicas como: “Ve, vende todo cuanto tienes, dalo a los pobres luego ven y sígueme” (Mc 10, 21) convirtiéndose en hombres enamorados de la Escritura. Su sabiduría fue tal, que participaron en los principales Concilios de la Iglesia, en los cuales se debatían los principales errores de la Doctrina cristiana porque su meditación de la Palabra era vivida.

La oración es una escuela de vida porque hacemos de Dios nuestra vida misma, no se trata de cantidad de oración o la asiduidad a los sacramentos sino la vivencia de todo esto. Un religioso del siglo XXI si no es un hombre espiritual, es un fracaso.

  • “Clausura de la experiencia de renovación espiritual”

La celebración de clausura fue iniciada con la Santa Misa presidida por el Vicario Provincial, Fr. Flavio Chávez en la cual nos sentimos llamados a testimoniar lo que hemos vivido en los días del retiro, a compartir nuestra experiencia y sobretodo a encarnar lo que prometimos.

Por la tarde tuvimos la evaluación y, contentos, compartimos el haber experimentado la fraternidad, la oración. Se ha externado que es una buena oportunidad para que retomemos nuestros ideales, que volvamos a recuperar nuestras motivaciones que nos llevaron a profesar la Vida y Regla de los Hermanos Menores. Además, se agradeció la generosidad de los hermanos de la comunidad de “La Sabanilla” por su hospitalidad y disposición en atendernos.

Después de la comida, inició el tiempo de regreso se comenzó a partir a nuestro convento motivados a ser “odres nuevos” y “el vino nuevo” que es el Santo Evangelio como lo hizo san Francisco.

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