Homilía del Ministro Provincial en la misa de clausura del Capítulo Provincial de 2017.

 

Acámbaro, Gto., 21 de julio de 2017

 

                                                                                                                                                                                 

 Muy estimados hermanos:

 

Los acontecimientos que hemos vivido están en un contexto muy claro, el de una familia. El capítulo, las elecciones, los mandatos, recomendaciones y estatutos, el congreso capitular, es parte de nuestra vida de familia: de gente que está unida por una historia, puesto que hemos crecido juntos por muchos años, no somos extraños unos de otros; unida también por una Fe y un carisma, si no fuera así no tendríamos por qué preocuparnos de vivir juntos; también nos une una casa y un trabajo, el trabajo por El Reino. Fuera de dicho contexto el encanto de todo esto se esfumaría, por más que El Señor siguiera fiel al  llamado que nos ha hecho y a su presencia entre nosotros.

 

En este contexto, tengo el honor de ser su servidor, y el atrevimiento de pedirles que vivamos juntos en Paz y en la Bondad, para lo cual me comprometo a poner mi granito de arena, desafío cuya magnitud en mi bien me conocen. Pues éste  será el reto esperanzador que asumiré cada día como concreción del Ministerio que he recibido de Dios y de ustedes de lavarles los pies. Pido a todos y para todos la Paz y la Bondad de Dios antes que esperar el cumplimiento de cualquier expectativa suscitada natural y legítimamente al inicio de cada sexenio.

Vivir en paz quiere decir, que entremos en el mundo de nuestras emociones y calmemos las agitaciones del mar interior, en Nombre del Señor Resucitado. Porque la nave de nuestra vida fraterna y misionera y nuestra aspiración de felicidad no se van a hundir; simplemente no lo vamos a permitir, porque El Señor no duerme, no está agitado, El vive, está con nosotros y le exige al mar que se pacifique.  Si por el momento no podemos tender la mano al hermano, no la tendamos, ya llegará el momento, pero no nos perdamos en la agitación que mata, la que está dentro, no la que está fuera, como si Jesucristo no hubiera resucitado. No renunciemos a ser hermanos.

Vivir en la Bondad es entrar en el mundo de las emociones de Dios. Dios tiene emociones porque es Persona, mejor dicho, Es tres Personas. Es entrar en su corazón.  Y su rasgo dominante es La Bondad con la cual se expande El mismo en cada una de sus creaturas, aunque en diferentes grados de bellezas, siendo la máxima expresión la belleza de su Bondad en el ser humano, al que hizo a su imagen y semejanza. Entremos al corazón de Dios, para que nos impregne de su Bondad, y nos dibuje nuevamente en nuestra genética ese rasgo tan suyo, si es que alguien o algo nos la borró. Entrar en su Corazón es respiro celestial, frescura del cuerpo, es resplandor del espíritu.

Creo que solo con este peregrinaje a la Paz y a la Bondad de Dios podremos ser auténticos, a pesar de cualquier situación o persona, y salir a abrazar al mundo con la novedad del Evangelio.

Ahora hermanos, quiero pedirles otras tres cosas: Primera,  Díganme por favor, cómo quieren que les ayude en su empeño diario de vivir en fidelidad la vocación de hermanos menores. Al final el custodio de la vocación es cada uno, pero al vivir en fraternidad, se crean vínculos comunicantes y de corresponsabilidad de unos y otros, siendo con mayor corresponsabilidad en ello el Ministro y el Vicario con el Definitorio, y los guardianes. Cómo quieren que les anime, que les animemos, cuando se desaniman; cómo que les levantemos cuando se caen, cómo que les busquemos cuando se pierdan, cómo que no les estorbemos cuando llevan el ritmo del Espíritu Santo, cómo que les soltemos para no evitar su vuelo.

La segunda cosa es, Díganme, por favor, ¿Cómo pueden ayudarme, cómo pueden ayudarnos a Mí, al Vicario y Definidores, y  a los guardianes, a cuidar la casa de todos, a hacerla acogedora para cada uno y hacerla hospitalaria para los pobres? Hemos heredado una casa bonita con fotos, adornos, etc., pero hay que cuidarla aunque no tenemos morada terrena, y  hacerla acogedora para todos los hermanos, especialmente para los enfermos y ancianos; no podemos vivir en la injusticia fraterna, ni en la ambición que acaba con el sueño de Dios, de ponerlo todo en común.  Junto con esto, ayúdennos a hacerla hospitalaria para los pobres, porque hay que restituirle al Señor todos los bienes en los pobres. Siempre tendremos algo que compartir, de lo contrario no seriamos cristianos, menos hermanos menores.

Y la tercera cosa: Pongámonos juntos en el dinamismo del Espíritu Santo, y  salgamos de casa como hermanos menores impregnados de caridad,  hacia  la misión, a donde ya estamos yendo y a donde nos esperan con nuevas presencias, lenguajes y acciones. Porque si no, para qué proyectos de vida fraterna y evangelización, para qué La formación, para que la Oración, para qué la tabla de oficios, para qué el ministro, vicario y Definidores.  Para ser agua estancada no se necesita crear infraestructuras de rio. Hermanos,  es notable el trabajo evangelizador que todos realizan, pero   también siento que no está por demás emprender caminos hacia nuevos horizonte donde seamos evangelizados.

Hermanos, quiero terminar  compartiéndoles algo que me quedó muy grabado en el corazón cuando realice la tesina de Teología en nuestro seminario de El Paso: que a Jesús se le reconoce en la fracción del Pan, es decir, cuando la vida se hace un pan compartido y repartido. Y esto que leí lo ví. Por todas partes he visto cómo la vida se hace pan que se reparte; Así lo he visto en la vida de los Provinciales que he conocido y particularmente con los que he convivido; en mis formadores, en muchos hermanos muy queridos que ya están en el cielo, y en la generalidad de los que están aquí en la tierra Europea, Americana, Latinoamericana, Africana, Asiática, y ha así lo he visto en la tierra de Santa María de El Pueblito, de quien nosotros hemos tomado carne, esa tierra tan llena de ella, tan parecida a ella, tan bellamente mirada por ella, que se llama Provincia Franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán.

Hermano vicario provincial, hermanos Definidores,  una vez más repartamos nuestra vida,  ahora en este Ministerio, y nuestros ojos verán nuevamente al que es la luz de nuestros ojos.

Aprovecho para agradecer al P. Eduardo López y a su Definitorio saliente el bien que le han hecho a la Provincia con su testimonio de vida compartida amorosa y gratuitamente;  P. Eduardo, hermanos su luz no se ha apagado, perdurará siempre. Dios les recompense.

Gracias al Hermano Rafael,  por salir de su tierra y sembrar semillas de Evangelio en nuestra Provincia; Nuestro corazón siempre le estará agradecido siendo tierra buena que de un buena cosecha.

Hermanos todos, cada vez que estén en la presencia del Señor y de su Santísima Madre recuérdenos a sus servidores el Ministro, el Vicario y los Definidores; nosotros haremos lo mismo.